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[Crítica] Moonlight: Luz de Luna, un cine diferente, íntimo hasta en lo más profundo del alma de una persona

Por Norberto Sica

04/02/2017

Es una de las nominadas a Mejor Película para los Oscar 2017

“Moonlight” tiene una magia especial, una cadencia en el relato, en sus diálogos, en la forma de recrear las distintas etapas de la vida de una persona, y cómo hacer ese retrato visualmente atractivo y diferente al mismo tiempo.

No es una película que pueda adaptarse fácilmente a los gustos de todos los públicos.

Los protagonistas no son conocidos, las conversaciones están llenas de silencios, las situaciones son dramáticas y los momentos tensos y tristes.

Hay pocas instancias en donde uno puede relajarse ante la sufrida vida de Chiron, un niño de color, que nace en un entorno de pobreza, con una madre adicta y sin la presencia de una figura paterna.

Su personalidad es tímida y mientras intenta descubrir su sexualidad, se vuelve aún más cerrado frente a su entorno.

“Moonlight” está dividida en tres capítulos. Primero mostrando la infancia, luego la adolescencia y, finalmente, la madurez.

En sus primeras dos etapas de la vida, Chiron es permanentemente acosado por sus compañeros, algunos por pensar que es gay y otros por verlo intensamente frágil. Pero aún en ese contexto de vulnerabilidad, logra la empatía de un traficante de drogas que lo cuida como si fuera su hijo.

Dirigida por Barry Jenkins, está protagonizada por Trevante Rhodes, André Holland, Janalle Monáe, Naomie Harris, Mahershala Ali y Ashton Sanders.

Si estamos en la búsqueda de un cine diferente, íntimo hasta en lo más profundo del alma de una persona, “Luz de Luna” es la opción.

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