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Sídney: por qué es una de las mejores ciudades del mundo para visitar

Por Norberto Sica

11/02/2018

Algunas razones para elegir la principal ciudad de Australia como destino para nuestras vacaciones

Es difícil describir en pocas palabras lo que transmite Sídney como ciudad.

Es un como un ser vivo que permanentemente nos está mostrando algo nuevo.

Su bahía nos presenta una postal diferente.

Sus barcos, ferries, veleros y yates, forman estelas que nos sonríen.

Es como un organismo que siempre nos muestra una cara que transmite paz y de alguna forma nos hechiza.

Es como si el sol golpeara de una forma diferente, con un ángulo que le da otra belleza.

“Este lugar tiene paciencia. Una grandeza que nunca intenta hacer sentir que llegaste tarde. Sólo darte la bienvenida apenas arribas”, dice uno de sus avisos.

Porque no hay un momento del año que sea mejor que otro para conocerla.

Y esa paciencia se combina con la idiosincracia del australiano, que siempre se muestra alegre, jovial, descontracturado y dispuesto.

Los “aussie” tienen una mezcla de la corrección inglesa con su propia identidad relajada y amable. Uno puede salir a recorrer las playas o las calles y sentir cómo las personas, a las que nunca uno vio, nos saludan como si nos conociéramos de años.

Sídney es una ciudad grande en extensión y en población, pero su particular geografía de río y mar transparentes, playas, colinas y acantilados, lejos de abrumarnos, nos cobija ante cada pequeña cosa que fluye delante de nuestros ojos.

Su costa serpentea, como un mapa en constante movimiento.

Y con iconos como el Opera House, el Harbour Bridge, la Sydney Tower, los Jardines Botánicos Reales, el Museo de Arte Contemporáneo, Circular Quay, The Rocks o Darling Harbour, parece que la naturaleza y la arquitectura se hubieran puesto de acuerdo para transformarlo todo.

Los sentidos se despiertan y nuestra mente entra en un estado superior.

Es una ciudad que muestra un reflejo de un país en donde la vida es fuerte.

La fortaleza de la diversidad, de costumbres indígenas, de una flora y fauna únicas, de mixtura de razas, y de entendimiento.

Un entendimiento tácito entre razón y sentimiento, entre las ganas de descubrir y dejarse sorprender.

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