Avianca: el mejor ejemplo de la peor aerolínea
25/05/23   |   Viajes

Avianca: el mejor ejemplo de la peor aerolínea

Si hay un buen consejo para dar es no volar con Avianca bajo ningún concepto. Ni siquiera, con un pasaje regalado. No digan que no avisamos

Norberto Sica Redacción
Norberto Sica

Las experiencias de viaje son muy personales. Y a medida que uno viaja más y más, es más probable que algo suceda mal o no como estaba planeado. Pero, más allá de eventualidades, Avianca, es el mejor ejemplo de peor aerolínea, sin importar si es low-cost o una línea aérea regular.

Como relatamos en mi vuelo de Buenos Aires (EZE) a Nueva York (JFK) con escala en Bogotá, la experiencia fue de catastrófica a antológica. Pero claro, en un momento había que volver. Y hacer la ruta Nueva York a Buenos Aires, con la misma escala en Bogota.

Algo que claramente Avianca no entiende es que no puede existir un vuelo con conexión internacional con sólo una hora entre el momento de aterrizaje al lugar de escala y la partida del siguiente vuelo. Hay muchas cosas que pueden fallar: desde demoras técnicas, por clima y las condiciones en el aeropuerto, en este caso el de Bogotá, que a tono con la aerolínea, es el mejor ejemplo de lo malo que puede ser un aeropuerto.

El avión aterrizó a las 20:10-20:15 a Bogotá, mientras el vuelo a Buenos Aires partía 21:15. Como todos sabemos, el boarding para los viajes internacionales suele arrancar unos 40/45 minutos antes del despegue, con las puertas de embarque cerrando 10 o 15 minutos antes de la partida. Todo depende de varias condiciones y de la aerolínea, pero en general es así.

Al aterrizar en Bogotá, el avión de Avianca, que recordemos es una aerolínea que no ofrece ningún servicio de abordo en un vuelo internacional de 13 horas, ni siquiera una botella de agua, haciendo que la empresa haya sido renombrada por mí como A-VIANDA. Es decir, el pasajero debe llevarse su vianda prácticamente, porque lo que se puede conseguir a bordo, es pagando y, la calidad, acorde con el resto: asientos sucios con manchas, la puerta de emergencia encintada, etc. etc. etc.

(Dato de color: si la aerolínea logró salir de bancarrota, es claro como lo hizo. Lo pagamos los pasajeros con su carencia de servicio, o cobrando US$ 130 dólares por un equipaje adicional. Sí. US$ 130. O que te cobren 3 dólares por un café. O 5 dólares por un sándwich).

Volviendo al punto de la llegada a Bogota. El avión aterrizó, pero como el aeropuerto de Bogota estaba colapsado, no pudo conseguir una manga y los pasajeros debimos descender por una escalera y ser transportados en un micro. Llovía a cántaros, bajando las escaleras sin que la misma tuviera un mínimo techo para evitar resbalarse o dañar algún elemento personal. Llega el bus y cuando llegó mi turno, el micro estaba lleno. Le expliqué a uno de los miembros de la tripulación (ya eran las 20:25/20:30) que tenía un vuelo a las 21:15 y lo perdía si nos demorábamos más y que necesitaba subir. Me dijo que no había más lugar. Miro hacia el frente del bus y veo que hay mucho espacio al lado del chofer. Le pido que me deje subir allí… y me dijo que no… mientras al mismo tiempo sí subía otro pasajero a ese lugar. Nunca entendí porque yo no y el otro señor sí, aun cuando todavía seguía habiendo lugar.

Hubo que esperar unos 5/10 minutos al siguiente micro bajo la lluvia. Todos los que teníamos conexiones internacionales estábamos preocupados, pero no hubo ningún plan de logística de Avianca para agilizar los procesos. Ninguno. Tanto la aerolínea como el aeropuerto son incapaces de manejar una operatoria aeroportuaria.

Una vez llegado el micro, nos traslada después de otros 5 minutos de recorrido. Llegamos a la terminal y allí corriendo por la misma hasta que somos interrumpidos por un señor, que puso un cinta y dijo, «no pasa más nadie». Le expliqué (explicamos) que teníamos una conexión internacional y el dijo «no se preocupen». Yo pensé este señor no está bien. Y en realidad, en su 3D, en su mundo paralelo, todo estaría bien, porque el no tenía que tomar un vuelo.

Luego aparece otra persona del aeropuerto y pregunta quienes teníamos conexiones internacionales, surgiendo decenas de gritos diciendo «yo». Podemos finalmente avanzar recorriendo el resto del aeropuerto… con el carry-on de 10 kilos, la mochila con varios kilos más… y, claro, el momento de seguridad.

Afortunadamente no había muchas personas, salvo que, curiosamente, soy elegido para un control extra, que requirió otros 5 minutos. Mi respiración no daba más. Mi cuerpo no daba más. Mi stress a niveles altísimos.

Si Seguridad hubiera tenido un gran flujo de pasajeros o si el avión se demoraba 5 minutos más en aterrizar en Bogotá, claramente perdía el vuelo.

Vuelvo a correr hasta que llego a la puerta de embarque y subo con lo justo. Una señora, me mira y me dice: «¿Se siente bien?». «No», le respondo. Le avisa a los miembros de la tripulación que no hicieron nada. NADA. Ni traerme un vaso de agua o ayudarme con mis cosas o algo. Nada. El vaso de agua es oro para Avianca, incapaz de empatizar con un pasajero, de organizar un viaje con escala, de ofrecer un servicio a bordo decente (humano al menos), de tener planificado con el aeropuerto la logística (como hacen otras aerolíneas) para que el pasajero llegue a tiempo a la puerta de embarque cuando «coordina» (por una una palabra diplomática) un vuelo de conexión internacional con esa mínima diferencia.

Una vez arriba del avión, era como entrar en un sauna de 100 grados. El mal olor, el calor insoportable, la falta de atención de la tripulación, formaban un combo explosivo. Como diría un amigo… sólo faltaban las gallinas. Y es tal cual, sólo faltaban las gallinas, o quizás, para la línea aérea, las gallinas éramos nosotros.

Es claro. Avianca es el mejor ejemplo de la peor aerolínea en la que uno puede viajar. Y no puedo hacer nada mejor, que contarles la experiencia y ayudarles a evitar que pasen una pesadilla. Yo avisé.

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Fotografía
Boarding1Now vía iStock
Autor
Norberto Sica

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