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20/09/20   |   Viajes

¿Qué hacer en Puerto Madryn? Ballenas, buceo, naturaleza y más

Es uno de los mejores lugares del mundo para ver ballenas, con paisajes naturales que sobresalen en la Patagonia de Argentina

Guido Piotrkowski Redacción
Guido Piotrkowski

Puerto Madryn es, sin dudas, un santuario natural. En estas costas del noroeste de Chubut y sus inmediaciones -desde la ciudad a la indómita Península de Valdés – se pueden avistar ballenas francas y nadar con lobos marinos; caminar entre pingüinos y observar como retozan y pelean los gigantescos elefantes marinos. También, ver como las orcas enseñan a sus crías a cazar y contemplar la destreza de los delfines en el agua.

Madryn es una de las áreas biológicas más destacadas de la costa Patagónica y a partir de junio su atractivo se duplica con la llegada de la ballena Franca Austral, Monumento Natural de la Humanidad desde 1984.

Puerto Madryn, declarada como la Capital del Buceo por la Cámara de Diputados, además cuenta con un Ecocentro destinado a la interpretación de ecosistemas. Es un edificio de estilo galés, erigido sobre un acantilado con amplios ventanales y vista al mar. Durante todo el año alberga exhibiciones, fotografías, audiovisuales, proyección de videos, conferencias, y paseos guiados donde se puede aprender del comportamiento de las ballenas, o las diferencias entre las focas, lobos y elefantes marinos.

También hay por estas costas un Museo Oceanográfico y de Ciencias Naturales. Y Madryn es, al mismo tiempo, un muy buen reducto gastronómico, sobre todo para quienes adoran los frutos de mar. Año tras año, se hace el festival Madryn al Plato, uno de los eventos gastronómicos más relevantes del país.

LAS DIVERSAS FORMAS DE AVISTAR

Desde el avión o la ventana del hotel. Deambulando por la rambla costera, en el puerto o en la playa El Doradillo se puede observar a la ballena Franca Austral, que se exhibe sin pudor en estas costas entre junio y noviembre. Este colosal mamífero elige la Península de Valdés, una bahía de aguas calmas, ideales para aparearse, reproducirse y enseñar a sus crías a nadar.

La Península es uno de los mejores sitios del mundo para el avistaje de ballenas, una criatura dócil y curiosa que suele acercarse a las embarcaciones. El paseo más novedoso es el del Yellow Submarine, que permite a los pasajeros observarlas tanto en la superficie como desde la cabina submarina, a través de las ventanas bajo el nivel del agua. Además, la nave cuenta con hidrófonos para escuchar los sonidos que emiten las ballenas.

UNA VUELTA POR LA PENÍNSULA

La Península Valdés pasó a ser Patrimonio Natural de la Humanidad en 1999. Esta porción de tierra de unos cuatro kilómetros cuadrados es un territorio dominado por la estepa infinita, con bahías, golfos y acantilados, donde deambulan guanacos, zorros grises, ñandúes maras, pingüinos de Magallanes y sobrevuelan gran cantidad de aves como el ostrero, el cormorán, el biguá. Los elefantes marinos llegan en agosto y se pueden observar en el faro de Punta Delgada, donde hay un hotel con vista privilegiada.

En Caleta Valdés, a 20 kilómetros de allí hay otro apostadero de elefantes. Y más adelante, está Punta Norte, un sitio de particular interés para científicos y fotógrafos de naturaleza de todo el mundo, ya que es ahí, donde en marzo y abril se puede ver como las orcas enseñan a sus crías a cazar lobitos marinos. Las orcas mamás enseñan a sus crías la técnica del varamiento intencional en la costa, lo que genera espectaculares imágenes que ilustran con crudeza la vida salvaje y el ciclo de la naturaleza.

BUCEO CON LOBOS

Nadar con lobos marinos es una de esas experiencias que hay que hacer una vez en la vida. En Punta Loma, a 20 minutos del centro de la ciudad, hay una reserva donde se puede realizar esta particular actividad. Los cachorros de lobo nacidos en los últimos años ya llegaron al mundo con ese chip, y están totalmente acostumbrados al contacto humano.

Así que apenas llegan las embarcaciones, se acercan nadando y sin titubear a la gente. Son amistosos y mordisquean como cualquier animalito; por eso hay que dejarlos acercarse y que tomen confianza. Los adultos son un poco más esquivos y se mantienen al margen. La actividad está regulada para reducir al mínimo el impacto que pudiera generar y no se permiten más de tres embarcaciones al mismo tiempo. Reglas necesarias para la conservación, para la buena convivencia entre lobos y hombres.

Informe y fotografía
Guido Piotrkowski

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