En septiembre de 2025, Apple presentó oficialmente su nueva generación de teléfonos: el hermoso iPhone Air, el iPhone 17, y el iPhone 17 Pro que, según Apple, representa lo mejor que puede ofrecer en diseño, rendimiento y potencia. Pero también —desde mi punto de vista— uno de los mayores puntos de inflexión en el lenguaje visual de la marca.
Este año, Apple eligió tres colores para la línea Pro: Silver, Cosmic Orange y este Deep Blue. Y, sinceramente, creo que es una de las paletas menos inspiradas en la historia de los modelos Pro.
El Silver tiene un acabado que, de lejos, parece plástico; el Cosmic Orange es demasiado estridente, casi un guiño a un público más juvenil que profesional, lo que no está mal; y el Deep Blue, que es el mas sobrio del trío.
Además, por primera vez, Apple decidió no lanzar una versión en negro, lo que para muchos usuarios era sinónimo de elegancia o discreción.
El cuerpo de aluminio anodizado también marca un cambio importante respecto a generaciones anteriores, que utilizaban el titanio o el acero inoxidable.
Apple argumenta que el aluminio mejora la disipación térmica gracias a la nueva cámara de vapor integrada en el chasis y el aluminio es más liviano que el titanio, pero lo cierto es que el teléfono es más pesado que el iPhone 16 Pro, a pesar de haber dejado atrás el titanio.
El iPhone 16 Pro pesaba 199 gramos, y el nuevo iPhone 17 Pro pesa 206 gramos, lo cual refuerza la sensación de densidad y volumen.
No es un detalle menor: el iPhone ya no busca ser ligero, sino transmitir solidez, incluso a costa de perder parte de su elegancia.
Las líneas son más marcadas, los bordes más planos, y el acabado general se aleja del minimalismo pulido que definió a Apple durante más de una década. Lo que antes era sobriedad, hoy se acerca más al brutalismo, un estilo más técnico y estructural.
Y ese cambio se nota especialmente en el gran protagonista visual de este año: el nuevo «Plateau», una palabra de origen francés.
Durante años, nos referimos al módulo de cámaras como «bump», pero este año Apple nos sorprendió con llamarla «plateau». Y claro, Plateau suena más sofisticado, pero no deja de ser un volumen que sobresale. Este relieve cumple una función técnica diferente: aquí se alojan el sistema de cámaras y los procesadores principales, mientras que el resto del cuerpo queda reservado para la batería y la cámara de vapor, que a mi entender era innecesario. El resultado técnico puede ser eficiente, pero visualmente genera ruido.
El Plateau es más pronunciado que nunca, y la parte posterior tiene un doble tono de color que divide el teléfono en dos secciones claramente diferenciadas.
Y esa división, que Apple presenta como un «nuevo lenguaje de materiales», termina restando coherencia visual: el contraste hace que el teléfono se vea menos premium.
A eso se suma otro detalle curioso: el logo de Apple ya no está centrado en el cuerpo completo, sino alineado con la parte inferior, en la zona donde se ubica el sistema de carga magnética. Un pequeño cambio que altera la simetría tradicional del diseño de la marca.
Al sostenerlo por primera vez, también se percibe el cambio de balance: el teléfono tiene más peso en la parte superior, producto del nuevo módulo de cámaras y la distribución interna de componentes.
Algunos usuarios lo celebran por la mejora en batería, pero en un mundo donde hay cargadores inalámbricos en autos, oficinas y aeropuertos, uno se pregunta si realmente vale la pena.
Algo parecido ocurre con las cámaras. El módulo trasero volvió a crecer: tres sensores de 48 megapíxeles, un nuevo teleobjetivo con de zoom óptico X8, y una cámara frontal de 18 MP que ahora ofrece el modo Center Stage para selfies y video, que también está incluida en el iPhone Air y en el iPhone 17.
Y cuesta imaginar a Steve Jobs aprobando un producto donde la parte más visible parezca un injerto.
En definitiva, este iPhone 17 Pro representa una nueva etapa para Apple. Una etapa donde la ingeniería domina al diseño. El aluminio reemplaza al titanio, el doble tono reemplaza a la pureza, y la fuerza reemplaza a la elegancia. Es un iPhone Pro, por lo poderoso, pero ya no por la sensación de premum.
Es como si el diseño exterior ya no buscara emocionar, sino justificar.
Y tal vez esa sea la conclusión más interesante: por primera vez, el iPhone más caro de toda la línea se siente más funcional que aspiracional.