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18/09/19   |   Viajes

Siete lugares imperdibles para visitar en Tucumán

La provincia en el norte de Argentina está llena de atractivos como los valles calchaquíes, Tafí del Valle, ruinas históricas, vinos y más

Guido Piotrkowski Redacción
Guido Piotrkowski

Es la provincia más pequeña del país, y de la ciudad a los valles calchaquíes. Está llena de rutas de artesanos y vinos, noches bajo las estrellas, travesías por el desierto y paseos por las ruinas de Quilmes. En #Conocedores, presentamos siete lugares imperdibles para visitar en Tucumán.

La ciudad

La capital de este rincón del noroeste argentino, ubicada a 1.300 kilómetros de Buenos Aires, es una urbe pequeña, húmeda, verde y acogedora en la que se destaca su circuito histórico, un recorrido ideal para repasar los hitos de aquella incipiente república. El punto de partida es en la Casa Histórica de Tucumán, reformada poco antes de los festejos del Bicentenario de la Independencia. Se le renovó su propuesta museográfica, con un guión que suma experiencias sensoriales y evocativas más actuales.

Por las noches, se puede asistir al espectáculo «Luces y sonidos de la Independencia», un audiovisual que evoca los días independentistas en los jardines de esta casa icónica.

El recorrido histórico se puede hacer a pie, ya que los principales puntos del circuito quedan muy cerca unos de otros. La Plaza Independencia, ubicada a dos calles de la Casa Histórica, es el corazón de la ciudad. Por acá se destaca el monumento de la Libertad esculpida por gran artista Lola Mora, nacida en Tucumán. A frente, está la Casa de Gobierno, un llamativo edificio construido en estilo barroco francés.

En las manzanas linderas se encuentra la tríada de los santuarios: la Iglesia Catedral, la Basílica Menor de la Merced -Monumento Histórico Nacional desde 1938- y la Iglesia de San Francisco, puntos destacados de este pequeño raid urbano que puede llevar una jornada a paso lento.

La senda del Tafí

Para llegar a Tafí del Valle desde San Miguel de Tucumán hay que transitar un sinuoso camino de cornisa, un magnífico tramo asfaltado y renovado de la ruta provincial 307, que trepa entre las yungas (selva de montaña). Son cien kilómetros en zig zag, con varios puntos panorámicos y una parada obligada en El Chasqui o Monumento al Indio, donde hay una feria de artesanías y un mirador con vista privilegiada de esta carretera salvaje.

La región tiene dos valles: a un lado el Valle de Tafí, y al otro el Valle de Las Carreras. Mientras en Tafí se desarrolló el turismo, en Las Carreras la vida transcurre como en los tiempos de los jesuitas, que arribaron en 1716. Acá se encuentra la Estancia las Carreras, considerada una de las mejores de turismo rural del norte argentino. Ubicada en medio de un entorno natural fabuloso, ofrece diversas actividades como trekking, cabalgatas y mountain bike y fabrican queso manchego de calidad premium.

Ya en Tafí, hacia dónde Atahualpa Yupanqui cabalgaba desde Acheral, las cabalgatas son un clásico, igual que las artesanías. Jerónimo Critto es un avezado jinete, que solía venir de vacaciones cuando era chico, ya que en su infancia tafinista salía con sus amigos a deambular a caballo. Hace unos años transformó esa pasión en emprendimiento turístico: El Puesto Cabalgatas, donde organiza travesías por los alrededores de Tafí y más allá. Por otro lado, en la Ruta de los Artesanos, impulsada por el Ente de Turismo provincial, se puede visitar tejedores, ceramistas, talabarteros y escultores, quienes muestran con orgullo su trabajo, y ofrecen sus creaciones a precios accesibles.

Corazón calchaquí

Amaicha del Valle, ubicado a 2 mil metros de altura y a 165 kilómetros de la capital tucumana, es un paraje donde el sol asoma 350 días al año, generando días cálidos, noches frescas (en invierno muy frescas) y cielos diáfanos plagados de estrellas. En este pueblo ubicado a 2 mil metros de altura y a 165 kilómetros de la ciudad de San Miguel de Tucumán, preservan con la frente en alto sus viejas tradiciones: su carnaval es uno de los más concurridos y festejados de la región, y la fiesta local de la Pachamama (Madre Tierra) en agosto, es una de las mas representativas del noroeste. Además, en épocas carnavalescas, se celebra nuevamente a la madre tierra, en la Fiesta Nacional de la Pachamama, en el que se nombra a una ancianas ilustre y sabia como la Pachamama, una guía espiritual que representará a la madre tierra durante el resto del año.

Y como el tributo a la tierra está tan presente en estos pagos, también se ha ganado un museo. El Museo de la Pachamama es un centro de interpretación con salas dedicadas a la geología, antropología y ciencias naturales, con exposiciones de pinturas, esculturas y tapices con motivos religiosos, culturales y sociales de las diferentes tribus que habitaron la región calchaquí.

Tierra de vinos

Los valles calchaquíes son terruño fértil para el buen vino. Desde hace un tiempo, el Ente Tucumán Turismo y los viñateros locales le están dando impulso al recorrido vernáculo de los caminos de Baco, donde se producen las variedades Torrontés, Malbec, Cabernet Sauvignon, Bonarda, Syrah y Tannat.

En 2016 se inauguró la primera bodega indígena de Sudamérica (y la tercera en el mundo) que abrió sus puertas con la producción de dos variedades de vino que llevan nombres en quechua: Sumaj Kawsay (Buen Vivir) y Kusilla Kusilla (Ayudame, alegría). Se trata de un emprendimiento comunitario pionero en el país, que sirve para afianzar el desarrollo turístico de la comunidad.

Además, una docena de bodegas integran el recorrido: Las Arcas de Tolombón, Chico Zossi, Altos La Ciénaga, La Churita, La Silvia, Río de Arena, Posse, Finca Albarossa, Las Mojarras, Los Zazos, Valle de Choromoro, La Constancia, Tukma, Cerro El Pelao son parte de este entramado que empuja con fuerza el desarrollo regional a lo largo de la Ruta Nacional Nº 40 y la Ruta Provincial Nº 307 en un recorrido de unos cien kilómetros entre Amaicha del Valle, Colalao del Valle, Fuerte Quemado y El Bañado.

Las ruinas

La antigua ciudadela de Quilmes, ubicada a treinta kilómetros de Amaicha, fue construida alrededor del año 800 DC. Se dice que los Quilmes eran un pueblo muy bien organizado social, política y económicamente, y se estima que durante su apogeo, en el siglo XVII, llegaron a vivir aquí unos 10 mil habitantes. Descubiertas por el arqueólogo Juan Bautista Ambrosetti en 1897, fueron restauradas parcialmente en 1977 con vistas al Mundial de 1978. Hoy, una parte de la ciudadela se puede visitar de la mano de guías nativos, descendientes directos de los Quilmes, quienes recuperaron el control de sus tierras pocos años atrás, luego de arduos conflictos. Los Quilmes fueron el último bastión de los calchaquíes, un pueblo muy aguerrido que soportó estoicamente el intenso asedio español. Finalmente doblegados, los obligaron a caminar más de 1300 kilómetros hasta la ribera de Buenos Aires. De los dos mil hombres, mujeres y niños que partieron, sólo sobrevivieron unos cuatrocientos, que fueron amuchados en la reducción de la Exaltación de la Santa Cruz, hoy la localidad de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires.

Viaje a las estrellas

Los cielos de los Valles Calchaquíes tienen 320 días despejados y un manto de estrellas ideal para la observación astronómica. Es por eso que treinta años atrás se instaló acá una estación científica para seguir al cometa Halley como parte de la red International Halley, cuyo objetivo era seguir al cometa desde dos años antes de su acercamiento a la Tierra hasta dos años después de su alejamiento. Fue así que nació el Observatorio Astronómico de Ampimpa, una estación científica ubicada en este pequeño paraje ubicado a las puertas de Amaicha. Hoy, el observatorio se transformó en una institución que, sin perder de vista su origen científico, le sumó un proyecto educativo y otro turístico. Para las escuelas ofrecen campamentos científicos y para los viajeros la propuesta más tentadora consiste en pasar una noche observando y aprendiendo sobre nebulosas y planetas, la luna y el sol bajo este cielo indómito.

Travesía por el desierto

Tiu Punco, que quiere decir Puerta del Desierto o Puerta del Arenal está ubicado a veinte kilómetros de la plaza de Amaicha. Es un páramo de tintes áridos, de lomas, cerros, cuevas y leyendas, y resulta un paseo imperdible en este valle indómito donde abundan algarrobos centenarios, chañares, y jarilla. En este desierto habitan unos pocos hombres, mayores ya, que no se mueven de sus casas de adobe. Hombres como Don Shivito, de visita obligada cada vez que los viajeros pasan por acá.
Desde las lomas del Tiu Punco profundo se ven las cumbres Calchaquíes y el nevado del Aconquija. Más adelante, se hace una caminata que discurre por un cañadon, entre montañas de arenas y cuevas de puma abandonadas.

Informe y fotografía
Guido Piotrkowski

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