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Turismo en Paraguay: así es la Misión Jesuítica Guaraní

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18 de abril de 2019

Se fundó en 1706 y fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1993. Es uno de los 30 pueblos jesuíticos más importantes

¿Haciendo turismo en Paraguay? En el Departamento de Itapúa se encuentra un majestuoso testimonio de la tecnología constructiva en piedra, implementada en el periodo de renovación urbano arquitectónica de las misiones (1690 – 1768). Se trata de la Misión Jesuítica Guaraní de la Santísima Trinidad del Paraná, fundada en 1706 y declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1993, una de las construcciones más importantes de los 30 pueblos jesuíticos de la región en donde estuvieron asentados Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil.

La Santísima Trinidad del Paraná forma parte de las ocho Misiones fundadas por los religiosos de la Compañía de Jesús entre los años 1609 y 1768 en territorio paraguayo, llegando a tener en el año 1728 una población de 3 mil indígenas guaraníes. El arquitecto de la iglesia principal fue el jesuita Juan Bautista Prímoli, quien también se encargó del diseño de toda la Reducción.

La Reducción de la Santísima Trinidad del Paraná presenta una majestuosidad y grandeza que simboliza el culmen del barroco, y está caracterizada por el reemplazo de los horcones y armazones de madera por el uso de sillares de piedra, y lo más destacado es sin duda, la increíble riqueza y variedad de sus restos ornamentales esculpidos en piedra.

La construcción está decorada profusamente con símbolos y signos que, si el visitante lo observa con detenimiento, el tiempo de un día, se hace breve, para contemplarlos en su total magnitud. El fabuloso templo tiene como aspecto diferenciador y es que en su nave central se hallan sepultados los Corregidores Guaraníes, al estilo de la alta nobleza europea.

Si el visitante se para frente al gran templo, debe imaginarse que cuando el mismo se hallaba en funcionamiento tenía tres veces más de altura que en la actualidad. Dos piezas de gran preciosismo y virtuosismo sin igual son la pila bautismal y el púlpito, atribuidas al gran arquitecto Prímoli.

Al final de la nave central y al principio del templo, se encuentra la cripta donde eran sepultados los jesuitas. Llaman la atención las pequeñas dimensiones de cada espacio asignado. A la derecha de la nave central aún yace en el piso una estructura de ladrillos de difícil identificación, que corresponde a un gran fragmento de la cúpula que se había derrumbado.

La grandiosidad de la Plaza Mayor también es indicio de su significación como centro de demostración de poder, donde se celebraban los desfiles de ejército, las grandes procesiones, las representaciones teatrales y musicales. En cuanto a las artes musicales, se dice que Trinidad llegó a ser un punto de referencia en el tema coral.

Esta misión parece esforzarse por destacar su contenido simbólico a través de los elementos arquitectónicos. Cada lugar está cargado de símbolos, y ofrece al visitante la posibilidad de transportarse siglos atrás, a través del recorrido cultural “Luces, Sonidos e Imágenes” que se realiza en horario nocturno.