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Lo mejor del Caribe de Panamá: San Blas y Bocas del Toro

Por Guido Piotrkowski

27 de noviembre de 2019

Arena fina, playas blancas, mares transparentes, corales, delfines y, hasta, osos perezosos, para descubrir y disfrutar

Si viajamos veinte años en el tiempo, para muchos el Caribe de Panamá era un misterio. Los indios Kuna vivían de la pesca, sus cultivos y cocoteros en el archipiélago de San Blas, hasta donde unos pocos llegaban, cuando la ruta desde la ciudad de Panamá era un barrial imposible. Lo mismo sucedía en Bocas del Toro, al norte, muy cerca de la frontera con Costa Rica, donde los nativos Ngobe y los descendientes de los afro-antillanos que fueron a trabajar en los cultivos de bananas no sabían del turismo y subsistían de lo que la tierra y el mar, les ofreciera.

Bocas del Toro y San Blas combinan la más perfecta combinación del Caribe -aguas cristalinas, arena fina, clima tropical, palmeras, corales, peces de colores- con un linaje cultural que se preserva a pesar del turismo en alza, que aún no es masivo.

Kuna Yala

El archipiélago de San Blas, dicen, tiene tantas islas como días del año.

La única forma de llegar hasta acá es en auto particular o con las camionetas 4×4 de los Kunas, el único transporte autorizado para hacer el trayecto hacia el puerto, y de ahí, embarcar a las islas.

Carti Sugdup es un pequeño islote que, con doscientos habitantes y una maraña de ranchos, parece rebalsar. Acá se habla el dialecto Dulegaya, la lengua de los Kunas, amos, señores y reyes del archipiélago.

Carti Sugdup quiere decir Isla Cangrejo, y es una de las más grandes y pobladas de la Comarca Kuna Yala, creada en 1938 y autónoma desde 1953, cuando se estableció el Congreso General Kuna, la autoridad política y administrativa. En este islote al que se da la vuelta en diez minutos viven unas 900 personas, hay hospital, escuela primaria y secundaria, energía eléctrica con generador propio y paneles solares. También, televisión satelital, señal para celulares e internet en la escuela.

Los Kunas son de tierra firme, pero alrededor del 1800 comenzaron a llegar a las islas. Kuna significa persona y Yala montaña o territorio. En 1920 el presidente Belisario Porrás trató de imponer la religión católica, que las mujeres se vistieran occidentalmente, que dejaran sus ceremonias tradicionales, que los pescadores pagaran impuestos. Hasta que en 1925 se alzó la revolución.

Las mujeres Kuna, sobre todo las ancianas, aún visten sus molas, el atuendo tradicional: faldas de colores fuertes con diseños geométricos, un pañuelo rojo en la cabeza, brazaletes o wini que les cubren brazos y piernas, un aro de oro en la nariz y pendientes en las orejas. Hablan poco y nada el español. La mola se utiliza por primera vez luego del ritual más importante: la ceremonia de la pubertad. Todas pasan por este rito, aunque luego, y cada vez menos, vistan a la usanza.

En territorio Kuna hay más agua que tierra. Un mar verde esmeralda ideal para hacer la plancha y curiosear con el snorkel, con islotes con nombres tan peculiares como Anzuelo, Aguja, Elefante, o la isla del Perro, cientos de pequeñas porciones circulares de tierra que brotan como hongos del mar, con palmeras, unas pocas chozas y carpas montadas especialmente para los viajeros que quieran pernoctar. Y nada más.

Alrededor de la isla Anzuelo hay varios cayucos, los botes típicos. Algunos navegan a lo lejos con sus velas extendidas, otras permanecen cerca de la costa tirando sus redes, con una bandada de pelícanos al acecho, revoloteando. En tierra firme, las mujeres tejen sus molas sentadas en una hamaca, se levantan, apuran el paso cuando llega un cayuco, en busca de la pesca del día. Y preparan la comida a los viajeros que llegan para almorzar, nadar, y dormir bajo las estrellas.

Las bocas del Almirante

Cristóbal Colón llegó a Bocas del Toro en su cuarto y último viaje. Algunas versiones aseguran que divisó un peñasco en la isla de Bastimentos con forma de toro acostado, y de ahí el nombre.

Los albores del nuevo siglo trajeron vientos de cambio a estos islotes indómitos que trascendieron al mundo entre susurros de viajeros.

Y así comenzaron a llegar extranjeros ávidos de sitios vírgenes donde empezar una nueva vida, y transformaron estas costas donde se entretejen manglares y emergen playas desiertas de arena fina y aguas cristalinas, repletas de corales, peces de colores y delfines. Una tierra donde conviven osos perezosos y monos variopintos. Una tierra que atesora un linaje cultural que se preserva a pesar del turismo.

Son muchas las playas para disfrutar por estas costas.

Para conocer los Cayos Zapatilla, la mejor alternativa es tomar una excursión de día completo. Avistaje de delfines y osos perezosos en los manglares; snorkel y relax en los cayos. Un día entero más para aprovechar al máximo.
El resto de las playas son accesibles por cuenta propia. Las más renombradas son Wizard y Red Frog, en isla Bastimentos; Bluff y Playa Estrella en isla Colón. A Wizard se llega por un sendero en medio de la jungla. En cambio para ir Red Frog, hay que tomar una lancha y luego caminar un sendero donde, con un poco de suerte y buen ojo, se puede ver la famosa rana roja que le da el nombre.

La playa es extensa y con buenas olas, a diferencia de Carenero, que se caracteriza por sus piscinas naturales. Para llegar hasta Bluff, una de las mejores para surfear, hay que tomar un taxi en Colón, epicentro de Bocas. Los mejores “points” para surfear son Carenero, Paunch, Bluff, Playa Larga y Playa Primera, en Bastimentos.

Bocas del Toro, además de playas idílicas, también tiene una noche agitada. Hay varios bares y un par de discotecas.

Bienvenidos al edén.